Energúmeno, además de traidor

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Donald Trump, el atrabiliario candidato republicano que quiere gobernar EE.UU como sus negocios, no duda en pedir ayuda a la archienemiga Rusia para debilitar a su rival.

La estrategia del multimillonario constructor y showman para llegar a la Casa Blanca no tiene límites en su verborrea tabernaria, sus insultos y amenazas a quienes no estén de acuerdo con él. Lo mismo utiliza piadosos golpes de pecho para atraer a los votantes que insulta a musulmanes e inmigrantes de todas las razas, o alienta el espionaje del mismísimo Putin para airear los 20.000 correos electrónicos utilizados de manera privada e incorrecta por Hilary Clinton.

Este timador, demagogo e incendiario además de insultador, -al decir del ex alcalde de Nueva York, Michael Blomberg-, no tiene reparo en traicionar a su país al alinearse con sus sempiternos enemigos internacionales que siguen conspirando para debilitar a la todavía primera potencia mundial.

Donald Trump ganara

Quienes en el pasado dudaban que ‘ignorantes’ como Reagan y Schwarzenegger pudieran llegar a la cima política o Bush hijo lograr un segundo mandato trucando los votos del Estado de Florida, contienen ahora la respiración ante el peligro de que un personaje incontrolado pueda tener acceso a las llaves del botón nuclear. Las encuestas pronostican, a día de hoy, un empate virtual ligeramente a favor de la primera mujer que puede llegar a la Casa Blanca en sus 227 años de historia.

La ventaja de la candidata demócrata Hillary Clinton es mínima respecto a su rival (42,6% sobre Trump 42,1), pero están por ver los efectos de la filtración de los emails de los que se acusa a Rusia y el apoyo de los seguidores del izquierdista Bernie Sanders que pudieran pasar a la abstención. El cineasta Michael Moore cree que el “miserable, ignorante y payaso a tiempo parcial’ Donald Trump va a ganar las elecciones por estas cinco razones: el voto de la clase obrera de varios Estados (Michigan, Ohio, Pensilvania y Wisconsin), el apoyo de los hombres blancos, la impopularidad de la candidata demócrata, el escaso apoyo de los seguidores de Sanders  y el voto antisistema.

Las mujeres, cerdas gordas y perras

El candidato de la ley y el orden, como gusta llamarse al multimillonario neoyorquino, no solo pretende seguir inundando de armas el país. Sus disparos dialecticos han llegado a agredir también a las mujeres a quienes ha calificado de “cerdas gordas”, “perras” y “animales desagradables“. La grosería sexual contra Hillary Clinton supero todos los límites de la tolerancia y la educación al afirmar que fue “vergueada” por Barack Obama, tras un furibundo ataque personal en el que también afirmó que la candidata demócrata había hecho una “asquerosa” pausa para ir al baño durante un debate.

Trump embauca a sus seguidores con la promesa de devolver a América la grandeza y el brillo que supuestamente se han evaporado bajo la actual administración. El panorama que describe en sus mítines es el de desolación, frustración y desasosiego en un país aparentemente amenazado por todos los flancos: violencia en las calles, invasión de inmigrantes indocumentados, terrorismo acechante, clase media ahogada por impuestos y los intereses foráneos que arrebatan el trabajo a los estadounidenses.

Lo grave de la cuestión no es que este nuevo populista y mesías intente engañar a su pueblo con salvarlo de un desastre inminente para devolverle el esplendor del pasado. Lo peor es que sus postulados con compartidos, según las encuestas, por más de un 60% de la población.

Del mérito propio a los errores ajenos

Muchos analistas consideran que el mérito de este nuevo y peligroso monstruo político no es ni mucho menos propio, sino fruto de la incompetencia de sus rivales, tanto demócratas como republicanos.

La capacidad de utilizar los medios es otra de las razones de su éxito. Trump no necesita invertir en publicidad porque cualquier exabrupto que profiere se convierte en noticia. Es una joya para las cadenas de la  telebasura y los tabloides infames. Una enorme capacidad de trabajo le hace controlar los mensajes, incluidos los de toda su organización que cuando se equivoca son más que sonados y acaban estallando.

El ejemplo más calamitoso fue el plagio deplorable  que sus asesores hicieron del discurso de Michelle Obama para utilizarlos en la presentación de la ‘nueva primera dama’ de la Casa Blanca.  A Melania Trump, una antigua miss de belleza cobijada por Trump, consiguieron arruinarle su meteórica carrera. Todavía se desconoce el paradero de tan originales ayudantes.

El hombre mas poderoso del planeta

Bien esta lo que bien acaba. En noviembre lo sabremos. Pero de momento la campaña que empezó como una broma se ha convertido en una candidatura en toda regla contra vientos, mareas, todo tipo de pronósticos y hasta siete rivales, a los que ha conseguido desbancar para el puesto de mayor relieve y poder que existe en el planeta.

 

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Gobierno sí, pero no a cualquier precio

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En su despedida política hace ya dos años, el veterano socialista, Alfonso Guerra, vaticinó la diabólica disyuntiva en caso de que su partido tuviera que decidir la gobernabilidad de España.  ‘Si tenemos que apoyar al PP, -decía el otrora alter ego de Felipe Gonzálezse romperá el PSOE, si por el contrario tenemos que aliarnos con Podemos, ser romperá España’.

Los dos muñidores de la escena política española en los años 80 y 90 consideran hoy que la cordura debe imponerse para evitar unas terceras elecciones generales. No solo significaría una vergüenza, sino el fracaso de los dirigentes políticos actuales. En tal caso, ni Mariano Rajoy,  Pedro Sánchez, Pablo Iglesias o Albert Rivera tendrían la credibilidad y la decencia necesarias para seguir liderando a sus respectivas formaciones.

La llave de la gobernabilidad

La difícil situación en que los ciudadanos han colocado a los partidos, por segunda vez, obliga a posibilitar un gobierno de mínimos con que restaurar -de manera urgente- la grave situación económica y social que vive el país desde hace años. La fragmentación parlamentaria debe de orillar no solo la intransigencia, también la chulería, el patrioterismo y los peligrosos brindis al sol que no conducen a nada. El fracaso de las negociaciones tiene que dar paso a la acción y a la responsabilidad colectiva, frente a la partidista, activando la política de Estado que debe liderar el partido más votado.

Ironías del destino y de los propios españoles, la llave de la gobernabilidad la tiene ante si el partido Socialista, que debe diferenciar entre la Investidura y el devenir de la duodécima Legislatura. Esta será sin duda el verdadero test del nuevo ejecutivo.

Para liderar la oposición, la formación de Guerra e Iglesias (el genuino) deberá permitir que sus votos enciendan la caldera, independientemente de las chispas o los rayos internos que genere. No hay otra alternativa con la aritmética parlamentaria. De ahí su responsabilidad, que sin duda sabrán ejercerla sus actuales –y divididos- dirigentes para explicarla a la militancia y a la propia sociedad.

Ningún cheque en blanco

Ello no quiere decir que el  futuro Gobierno de España deba tener –ni mucho menos- un cheque en blanco. Primero, porque no cuenta con la necesaria mayoría parlamentaria. Segundo, porque el partido más votado -el PP- género en sus cuatro años de mandato la mayor desigualdad y precariedad desde la dictadura de Franco. En tercer lugar, por la actitud de desprecio a toda la oposición y el ordeno y mando en la forma de gobernar por la vía del decreto. Cuarto, porque su líder y candidato, Mariano Rajoy, ha tolerado el mayor número de casos de corrupción desde la democracia. Por último, y no de menor relevancia, porque el previsible continuador al frente del Gobierno sigue provocando el rechazo incluso en el seno de su propia formación.

Contra el rodillo, mas parlamentarismo

El fracaso del PSOE, Podemos y Ciudadanos, e incluso el de los nacionalistas vascos y canarios, no debe traducirse en un veto permanente. ¡Allá el independentismo echado al monte! Mejor debe dar paso al juego de las mayorías y las minorías parlamentarias, las mismas que se olvidan –y se oxidan- con el rodillo del absolutismo legislativo. La ausencia de mayorías debe activar el pacto, los  acuerdos y la negociación del buen parlamentarismo.

La práctica de la democracia parlamentaria permitirá corregir, entre otras cosas, una deuda galopante –la mayor de nuestra historia-, el déficit desbocado que provocara la primera sanción por parte de Europa-, o el hundimiento de la hucha de las pensiones como consecuencia de una política de trilerismo cortoplacista generada implantando salarios de miseria para impulsar la productividad.

No hace falta recordar que la mitad más uno de la Cámara baja, 176 escaños, está de acuerdo en sacar adelante otras medidas como el Pacto por la Educación, la recuperación de la Sanidad universal, la  contrarreforma del mercado laboral, la reforma Electoral, un Plan de Emergencia Social para resarcir a las familias en situación de exclusión, apuntalar la Financiación Autonómica, la Reforma fiscal, el mantenimiento del Estado de Bienestar, la reactivación de la Ley de Dependencia,  la Reforma  de la Constitución y el fin de la ley mordaza.

Isabel II pide calma

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Inglaterra, si es que Inglaterra piensa, solo piensa en Inglaterra. Bernard Shaw

Un personaje tan anacrónico como indolente, Isabel II de Inglaterra, acaba de pedir calma a sus súbditos tras la monumental grieta abierta en su reino, que ella misma contribuyó a resquebrajar (“díganme solo tres razones para permanecer en la UE”, ¿se acuerdan?).

La representante de la monarquía más cara del continente -50 millones de euros-año, incluido el medio millón para bebidas alcohólicas- ha descubierto, por fin, los fantasmas destapados tras el brexit que terminaran ensombreciendo su reinado: clasismo, xenofobia, racismo, venganzas, desigualdad y, sobre todo, un país dividido y abierto en canal.

“Vuestro error es nuestro futuro, parad esta locura”,  recriminaban las pancartas de los 50.000 manifestantes londinenses partidarios de permanecer en Europa a los eurofobos, a quienes la reina nonagenaria solo ha acertado a pedir tranquilidad ante “un mundo cada vez más complejo y exigente”.

Sociedad dispar

La nueva Tahtcher británica, Theresa May, candidata conservadora a suceder al difunto Cameron, ha reconocido sin ambages la sordidez de un país que se ha ido pudriendo por su arrogancia, megalomanía y la profunda brecha abierta de una sociedad más que dispar: “Si hoy naces en un hogar pobre en Reino unido, morirás una media de nueve años antes que los demás. Si eres negro, la justicia criminal te tratará con más dureza que si eres blanco. Si eres un chaval blanco de clase trabajadora, tendrás menos posibilidades que ningún otro de ir a la universidad”, afirmaba en su discurso de presentación.

La pregunta es si tan preocupante realidad ha sido consecuencia de  la opresión de una Europa a la que Gran Bretaña decidió vincularse de manera libre y entusiasta 40 atrás, o más bien, culpa de unos políticos arrogantes que durante años han ido hundiendo lentamente tan anquilosada sociedad hasta hacerla incapaz de reaccionar. Que se sepa, ninguna autoridad comunitaria llegó a interferir desde 1973 en la sanidad, educación, inversiones, la manera de tomar el té o incluso en la propia integridad territorial del RU al que, dicho sea de paso, el general De Gaulle sí llego a vetar de manera obstinada hasta su muerte.

Fue el  propio Reino Unido el que después del Tratado de Maastrich exigió una cláusula de exención “opt-out que le permitió desvincularse de la Unión Económica y Monetaria (UEM) y del euro, evitar también el espacio Schengende circulación de personas, y rechazar además la disciplina fiscal con planteamientos euroescépticos.

Los partidarios del Brexit repiten en la calle que desconfían de “los políticos de carrera”, de una élite gobernante que sienten que les ignora y que habita un mundo globalizado al que saben que difícilmente pertenecerán. Que mientras en Westminster toman té con pastas, sus salarios caen y la competencia con la llegada de los trabajadores de fuera crece.

¡Vete de aquí!

Hoy, tan solo el 15% los habitantes del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte se sienten “europeos“, frente al 64% que se consideran estrictamente “británicos”. Según el Eurobarometro, el 60% de los británicos se considera “clase trabajadora”. La encuesta indica además que aumenta la percepción de que la sociedad británica cada vez está más dividida socialmente.

Un estudio de la Universidad de Oxford, concluye que “eludir a toda costa la intrusión y la imposición” es parte de carácter inglés. Lo que no refleja sin embargo  es el brote de odio, rencor y xenofobia que muchos ciudadanos de a pie expresan airados contra turkos, portugueses, polacos, españoles y demás‘rivales’ europeos.

La ira se ha desatado incluso contra compatriotas de segunda y tercera generación procedentes de Asia a los que, sus no tan amistosos vecinos, han comenzado a insultar en la calle con  frases como esta: ‘chino de mierda, ¡vete de aquí!’

 Humor, moderación e hipocresía

En su libro Los Ingleses: ¿son humanos?, el holandés G. J. Renier asegura que elhumor es uno de los tres reflejos básicos del carácter británico, junto a lamoderación y la hipocresía con los que los ingleses combaten su “enfermedad social congénita”. A saber: una combinación de autismo y agorafobia, de malestar e incompetencia en las situaciones sociales para tener una relación directa y franca con otros seres humanos.

 La antropóloga Kate Fox pone sobre la mesa las “peculiaridades de la conducta inglesa” que pueden descifrar la incomprendida relación de vecindad que han tenido con sus hasta ahora 27 vecinos de la Unión. “Intentamos ser siempre corteses, y no antipáticos, pero hemos perfeccionado lo que los sociolingüistas llaman cortesía negativa. Los británicos juzgamos a los demás desde nuestra óptica, pensamos que todo el mundo comparte nuestro deseo patológico de privacidad, vamos a lo nuestro y cortésmente ignoramos a los otros”.

Bernard Shaw (1), el célebre dramaturgo y activista irlandés que exasperaba a sus vecinos isleños y en especial a Winston Churchill, sentenció 80 años atrás: “Inglaterra, si es que Inglaterra piensa, solo piensa en Inglaterra”.

 

(1) El premio nobel de Literatura llego a provocar al primer ministro británico tras invitarle al estreno de su última obra con este comentario: Le remito estas dos invitaciones para que acuda, si encuentra alguien que le quiera acompañarUn Churchill más que mordaz le respondió: Estaré encantado de asistir la próxima semana, si la función todavía permanece en cartel.

El amor fraternal de Podemos

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Amor, mucho amor y comprensión va necesitar la formación de Pablo Iglesias para reponerse del tsunami que barrió sus ilusiones y el asalto a los cielos la noche electoral.

Además del cariño fraternal y la autocomplacencia permanente para potenciar su ánimo, Podemos deberá ejercitar una profunda autocritica para digerir las razones por las que llegó a dilapidar un caudal de votos extra que a punto estuvo de auparla como segunda fuerza política del país.

Pablistas, errejonistas, monteros y hasta bescansarios se afanan ahora por descubrir lo que pasó el 26J, sin reparar que la política no es una suma de voluntades, ni la atracción de voto la adicción de afinidades plurinacionales tan dispares como la conciencia individual.

¿Lo conseguirán, o acabaran perdiendo hasta su amor?

La gran coalición

El partido de Pablo Iglesias ni concurrió en solitario en diciembre ni lo ha hecho de nuevo en junio. Fue a los comicios con la suma de una siglas más, la candidatura Unidos-Podemos junto a otros 16 partidos de izquierdas. Todos, agrupados en marcas diferentes en los distintos territorios: En Comú en Cataluña, Compromís en Valencia y Anova en Galicia. Además, buena parte de los puestos de salida fueron ocupados por formaciones de ámbito nacional: Izquierda Unida y Equo.

Solo 45 de los 71 diputados conseguidos por la ‘gran coalición’ o ‘frente amplio’ pertenecen estrictamente a Podemos. Los  26 restantes son ajenos, con una procedencia dispar: De Cataluña proceden 12  (En Comú Podem), otros 9 de la Valenciana Compromís-Podemos-EUPV y 5 más de En Marea de la que sólo ocho han recaído en miembros de Podemos. Hasta 18 diputados provienen de partidos o plataformas como Barcelona En Comú, ICV-EUiA, Procés Constituent, Compromís o Anova.

Miedo, Brexit y la hoz y el martillo

Lo niegue Agamenón o su porquero, fueron los errores propios de estrategia, junto a la pericia electoral del rival, más el factor externo europeo los que barrieron de un plumazo el millón extra de votos que habría colocado a Pablo Iglesias en el foco de la política nacional e internacional.

Buena parte de sus votantes adicionales acabaron ahuyentados por una polarización torticera aunque eficaz, y una campaña tan dispar como desmadejad  cuyos mensajes lo mismo sirvieron para abrazar la hoz y el martillo que el puritanismo socialdemócrata con que cautivar conciencias de la izquierda moderada. Con todo, fue la pérfida apelación al voto del miedo y la espoleta del Brexit los que hicieron  saltar por los aires nada menos que 60.000 millones de una bolsa temerosa que despertó tantas conciencias como bolsillos cerró.

Los tres días de junio previos al 26J, fueron suficientes para descolocar las no tan erróneas encuestas y espolear a los españolitos capaces de primar a una derecha autoritaria suficiente para conjurar el cada día más lejano gobierno de la izquierda. De paso,  sirvieron para salvar del infierno al socialismo de Ferraz y difuminar el nebuloso centro español que no levanta cabeza desde los tiempos de UCD y Adolfo Suarez.

La catarsis de Podemos

Quienes pretenden reconquistar la calle deberían analizar aquella vieja política que se resiste a morir, aunque solo sea para no repetir sus errores ahora que sabemos cómo acabó: dividida y fragmentada en cien pedazos.

Es lo que da la estrategia de aunar un batiburrillo de siglas en torno a un proyecto heterodoxo cuyo objetivo es protagonizar un cambio real y acabar con el retroceso social y las consecuencias de ocho años de recortes.

Pocas alforjas para tan triste viaje, apenas dos escaños más, en un parlamento fragmentado donde,  sin embargo, la perdida de la mayoría absoluta todavía permite hacer política de altura y recomponer la España herida y sangrante que dejan las desigualdades y la austeridad.

Sin mayoría para gobernar

El nuevo Gobierno liderado por  Mariano Rajoy se quedara a un escaño de la mayoría necesaria para  legislar, suficiente para tener que consensuar desde las políticas de Estado hasta las normas  que se van a derogar.

Del nuevo Parlamento fragmentado –hasta nueve formaciones- dependerá que la legislatura prospere, o bien siga la estela de la que acabamos de enterrar.