Versos como dardos (Pasión y vida, de Joaquín Brotóns)

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Aseguraba Juan Ramón Jiménez que la poesía es el encuentro después del hallazgo. Segun Octavio Paz, un método de liberación interior y, en opinión de Benedetti, el alma del mundo.

Tal manifestación de la belleza y sentimiento como la describe la Academia, la ha practicado desde su niñez el valdepeñero Joaquín Brotóns, el bardo más sentimental y desamparado, al decir del mismísimo Pepe Hierro, cuyo desencanto forma parte de esa realidad que le defrauda. Nos defrauda a todos, -añado yo-, a cada uno de los humanos.

Cuarenta años después de su primera obra, Poemas  para los muertos (1977), se publica Pasión y vida (1977-2017 Ed. Verbum), la recopilación con poemas nuevos que compendia quince obras alumbradas desde entonces cual dardos en el corazón del lector: Poemas para los muertos, Las máscaras del desamor (1978), Amor, deseo y desencanto, La soledad de la luna (1980), El espejo de la belleza…

La cobardía de reprimir las pasiones

Brotóns siempre ha tenido el valor de desnudarse en público y de exponerse al escrutinio general además de colocarse frente a los valores establecidos, como asegura Matías Barchino, quizás el experto que mejor le conoce junto a Pedro Antonio González y Jesús Martin, prócer y amigo de la Valdepeñas natal.

Poeta, no quieras amar con tus versos otros fuegos.//

Tú no puedes gozar otro amor//.

Acepta tu destino ante la sociedad en la que vives, más o menos inmerso, atado o encadenado…//

Quien esto escribe lo hace bajo el impacto de la emoción, con un lenguaje total, comprensible por la razón y sin enunciados metafóricos, al decir del autor de Cuaderno de Nueva York (Grito Todo y el eco dice Nada/Grito Nada y el eco dice Todo/ Después de todo, todo ha sido nada, aunque un día lo fue todo).

El cordobés Pablo García Baena lo describe como helenístico, cernudiano y cavafiano, cuya poesía es la de la “experiencia, rica, viva y palpitante, del callejeo nocturno, la esquina cómplice, la cita dudosa entre temor y deseo”, que proporciona un friso anacreóntico de esa Valdepeñas que imaginamos como bacante de morados racimos y pámpanos y labios en ofrenda. En ello coincide también el profesor Martín-Miguel Rubio, que relaciona a Cavafis y Brotóns en planteamientos y temática amorosos, aunque sus versos estén separados por el tiempo y su contenido formal acerquen paralelismos contra la cobardía que reprime las pasiones y a favor del placer.

 Hace tanto tiempo que duermo solo, amor mío, joven amante,

que ya apenas si recuerdo aquellas cálidas noches de estío//

 Era uno de esos chicos bellos, soñados en la alta madrugada,

nacidos para el fogonazo del placer de un instante…

 La sublimación del desgarro

La poesía, como la pintura o la música, son las máximas expresiones del arte, la plasmación de la belleza y de la desnudez, de la aflicción, la frescura, el desconsuelo, la pasión, el júbilo, la satisfacción y la felicidad, en suma. Es en esta  sublimación del placer donde tienen cabida cualesquiera de los sentimientos del ser humano y donde Joaquín Brotóns, precisamente, ha sabido plasmar su particular  vivencia del desgarro por escribir poesía a lo largo de cuatro décadas. Algo que dejó cristalizado -de manera magistral- en el Poema sangriento, dedicado a su madre:

Madre, no quiero que te pongas tiste por mí,

tú no tienes culpa de que me encone cada día el cáncer de la poesía…

 Son tantas las lágrimas que me he tragado,

que mi garganta es un pozo negro..

 Y ese es mi destino de poeta, madre,

llevar a los hombres mi labio sangrante

y dejar huellas en un campo liego.

 Hedonista y epicúreo de La Mancha

La poesía triste y del desamor, aunque también de la exaltación, al decir del propio Joaquín Brotóns, no está reñida con su particular desengaño con la literatura por la escasez de lectores que genera.

Este hedonista y noctámbulo cual epicúreo de La Mancha, como lo define el filólogo y crítico, Pedro A. González, no puede ser más acertado. Ha ido escribiéndose a sí mismo a golpes de vino y verso, en los oscuros espejos de sus noches solitarias, y en los azogues ha dejado impresa la huella de su fascinación por la belleza, creyendo como tantos, que la belleza y la escritura salva.

“Brotóns es a esta época lo que Juan Alcaide fue en la suya”, ha reconocido uno de los representantes públicos que más ha hecho por la cultura de la capital del vino y su difusión, Jesús Martín. En palabras del primer edil, aunque este hijo y nieto de vinateros escribe de desamor, “su poesía es de amor: de amor en busca de amor, de amor perdido o de amor traicionado”.

Son muchos los poetas, dramaturgos o pintores, junto a una pléyade de artistas manchegos, quienes llevan expresando desde hace tiempo -con reconocimiento o  en el anonimato-, sus propias emociones e  íntimas experiencias. El común denominador no ha sido otro que compartir interpretaciones o estados de ánimo sobre realidades diferentes. Así lo hicieron y lo hacen, Balbuena, Juan Alcaide, Ana de Castro, Muñoz Fillol, Sánchez Solana, Francisco Nieva, Sagrario Torres, Creis Córdoba, Gregorio Prieto, García Benedí, Tomas de Antequera, Paco Clavel, José Cornejo, Miguel Navarro, Crespo Foix, Miguel Fernández, Joaquín Morales, Marques Talavera

La poesía, arma cargada de futuro

El testigo lo han tomado jóvenes valdepeñeros como Elena Díaz, Sheila Delgado, Blanca García, Juli Álvarez y Carlos Utrera, cuyos versos recorren las calles y plazas de la ciudad. Su grito es tan claro como universal: “expresar  la poesía que cada uno siente”. Solo la perseverancia hará que este grupo autodenominado Quimera acabe integrando las  nuevas generaciones del maltrecho siglo veintiuno. Otros juglares y pintores –Escandar Algeet, Marcus Versus, Soraya Estéfana, José María Ponce-, se encargan de hacer recitales y exposiciones para evitar la excepción cultural de la que se quejan artistas consagrados como Miguel Navarro (Valdepeñas, 1935).

Hace mucho tiempo que Federico García Lorca concibió   la poesía como la unión de dos palabras que forman un misterio, la misma que según  Heidegger no era otra cosa que la instauración del ser por la palabra. Neruda y Gabriel Celaya apostaron por una poesía comprometida y no elitista como elemento de sensibilidad y persuasión.

No cabe duda de que todas y cada una de estas formas de cautivar con la palabra, y con los versos, seguirán siendo armas cargadas de futuro.

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Dignidad y pensiones

japon

Hay noticias no por desconocidas menos alarmantes. Muchos ancianos japoneses han comenzado a delinquir con objeto de entrar en la cárcel y ser atendidos por el Estado, o  al menos, poder comer. Su desesperación para hurtar en los supermercados es proporcional a la pobreza en que se encuentra la población más envejecida del mundo -35 millones de ciudadanos con más de 65 años-,  que a los 70, 80 o 90 no pueden ser atendidos por el gobierno pese a cobrar pensiones que no llegan a 800 euros.

Desde 2013, las cifras de delincuencia senil en algunas ciudades ha superado a las infracciones de los jóvenes que como en otros países occidentales, sigue pasando de toda una generación que ya consume más pañales que la de todos los nuevos bebes. Cada día que pasa, el país más envejecido y longevo del orbe (65.000 centenarios) tiene a su vez el menor índice de natalidad -1,3%- lo que conlleva un aumento del gasto en pensiones y unos costes sanitarios difíciles de asumir por parte de la decreciente clase trabajadora.

Darse prisa en morir

Un panorama tan desgarrador no se soluciona con argumentos tan sórdidos como el del vice-primer ministro de Economía nipón, que ha llegado a asegurar que el problema de los enormes gastos de la tercera edad tan solo se resolverá cuando se incite a los ancianos a “darse prisa en morir”. Tal incapacidad para la gestión pública y falta de humanidad solo es comparable a la de un antiguo responsable de la sanidad en Alemania que llegó a justificar la escasa calidad de las prótesis quirúrgicas implantadas a los ancianos por la corta vida del paciente.

El pleno siglo XXI, el futuro de las naciones no se mide ya solo en términos de crecimiento o riqueza, sino también por el índice de bienestar de su población, lo que el programa  de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) denomina Índice de desarrollo humano (IDH). Este indicador incluye los logros obtenidos en dimensiones fundamentales como la adquisición de conocimientos, la consecución de una vida larga y saludable y disfrutar al menos de un nivel de vida digno.

La dignidad de la población hoy no solo incluye un  mínimo de bienestar y disfrute de los viejos en  sus últimos años. Afecta también a los niños, a los jóvenes y a otros sectores generacionales que la mayor crisis económica y financiera del último siglo ha truncado en sus vidas presentes y puesto en claro riesgo para su futuro.

España: Aviso a navegantes

En apenas 30 años, España tendrá más jubilados que trabajadores, según la última proyección de pirámide poblacional actualizada por el INE. Nuestro país tiene hoy casi 2,5 empleados por persona mayor de 67 años, a partir de 2046 habrá menos de uno. El número de jubilados se multiplicará por dos en este periodo.

Los datos reflejan a la perfección el tamaño del problema. Cada trabajador tendrá que sostener no solo a su familia sino también a un jubilado, lo que significa que la carga en términos de pensiones se multiplicará por dos en menos de 30 años. En concreto, las personas en edad de trabajar superan los 31,5 millones, mientras que los mayores con 68 años o más son casi 8 millones.

La Seguridad Social entre tanto sufre el mayor déficit de su historia, en 2016 registró una desviación de más de un punto y medio porcentual (1,62%), lo que supone un quebranto de más de 18.000 millones. No hace falta ser un genio para constatar que desde hace nueve años la enorme precariedad, junto a los empleos creados, no aporta lo suficiente en forma de cotizaciones sociales para mantener un sistema en el que los nuevos pensionistas tienen derecho a mayores retribuciones.

En consecuencia, el Fondo de Reserva está ya cerca de agotarse de manera total y los poco más de 15.000 millones con los que cuenta apenas tiene capacidad para hacer frente a la paga extra del próximo verano.

Parlamento y Gobierno, al quite

En la búsqueda de soluciones se afana desde hace meses el Congreso de los Diputados a través de su Comisión del Pacto de Toledo, el único órgano donde la unanimidad de los partidos está de acuerdo en buscar fuentes de financiación o qué pensiones deben pagarse con impuestos y qué cotizaciones dedicarse a políticas de empleo. Todo, para evitar el saqueo de la famosa hucha en tiempos de turbulencia.

Uno de los mayores expertos, Octavio Granado,  lo decía bien claro hace poco: Sólo cuando garanticemos mayores ingresos, podremos asumir mantener el poder adquisitivo de los pensionistas Naturalmente es necesario más empleo, pero “con salarios de 500 € no vamos a pagar pensiones de 1.400, a no ser que creemos un millón de empleos todos los años”.

El ministro de Hacienda, entre tanto, trata de calmar los ánimos al asegurar  que el déficit es “asumible” por el conjunto de la Administración y en su caso por la recaudación récord del Estado prevista para este año. Palabra de Montoro, aunque la solución solo sea coyuntural mientras se despeja de una vez el peligro de las pensiones.  

 

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